martes, 1 de septiembre de 2009

EMPEZAR DE CERO


La vida real empezó cuando tuve que meter todas mi cosas en una caja y buscar un nido momentáneo para este corazón condenando a estar siempre como ave migratoria.

Desde que dejé mi cuarto en la casa de mis papás, he llamado a tantos lugares “mi casa” con ese dejo característico que carece por completo de título de propiedad, que la realidad me ha empujado a representar la misma rutina:

Llenar y vaciar las cajas. Cambiar de dirección en el banco, molestar con gemidos a los nuevos vecinos. Aprender nuevas paradas de buses y la dirección del restaurante chino más cercano. Y lo más difícil, volver a re-enamorarme del atardecer desde una nueva ventana ajena.

He brincado de planeta en planeta, de barrio en barrio y no me canso. Siempre me hallarán listo y dispuesto a empezar de cero mientras “Tatica Dios” le preste vida a este cuerpo. Y es que después de tantas mudanzas he descubierto una verdad universal:

“Hay que tener las cajas listas y ordenadas, porque nunca sabrás cuando tendrás que mudarte al otro barrio”

5 comentarios:

Queen Bitch dijo...

Los seres humanos por lo general desvaloramos el cambio, pero muchas veces un cambio nos da nuevo aire para seguir en este camino.

Se puede cambiar de medias, de color de pelo, se cambia la cama de lugar y hasta los amigos se cambian, que mientras nuestra escencia permanezca y solamente madure en sí misma, podemos tener la seguridad q estaremos "cul".

Suerte con este cambio diablo, se te quiere.

Aasterinian dijo...

Por un momento me imaginé al principito...

Cambiar de casa es una sensación rara, la oscuridad es desconocida y tropiesas con cosas que no sabes que estaban ahí.

El silencio es inclusive extraño, y el olor de la casa no huele a vos si no a otras personas.

Las cajas hay que tenerlas más que organizadas, creo que hasta etiquetadas...

Anónimo dijo...

Suerte con este nuevo cambio flaco!! Desapegarse a las cosas materiales y a los recuerdos que se dejan en ese nido vacío a veces cuesta; pero hay que hacerlo y acelerar... De seguro, en ese ir y venir, te encontrarás a una nueva vecina que te auxilie con el portón; a otro enano como José, que te informe de la llegada de tus papás o te convierta en su MacGiver para que le rescates el celular; a un chino simpaticón que hará el milagro de revivir tus tripas retorcidas y a otra "chaparrita" a la que de vez en cuando pilles con unos "Huggies" escondidos en su cartera... A mí también me ha tocado empezar de cero, y acá estoy, poniendo las cajas en orden para ver si x fin este corazón acierta el camino correcto tras su mudanza.

Ameyal dijo...

Enamorse de nuevos espacios a veces también ocupados por nuevos muebles es lo más difícil sí, pero también un proceso que se va disfrutando con cada vivencia que tengás ahí. Peor es despertar en la casa ocupada por años sintiendo que ya no querés o no podés amar sus ventanas y paredes.
Así que es un lindo reto el que te espera y no dudo que a estas alturas ya tendrás motivos para mirar alguna que otra pared o ventana en forma diferente al primer día.
Lo más grande de toda esta historia de judíos errantes es esa lección de desapego que señalás al final: tener listas "tus cajas", esas en las que llevarás lo que vale la pena llevar, para que cada la mudanza definitva no nos tome tanto trabajo.
Muy buen texto, como suele suceder con lo que escribís.

Anónimo dijo...

Mi niño, avise de su nueva dirección por si es cerca servirle en lo que se pueda...

Publicar un comentario