jueves, 29 de enero de 2009

El Equilibrista



-La única forma coherente de desafiar el cielo es trepar (ó caminar) sobre él- le escuchó decir a su abuelo en trance de muerte.

El cielo extendió aquella mañana su inmensa carpa azul, con algunos parches de nubes. El espíritu del abuelo se había despertado haciendo equilibrio sobre la cuerda gastada de su cuerpo.

Salió del cuarto y miró largo rato la colina escamada del techo del granero. Iba a hablar con Dios, mas que todo a quejarse.

Las primeras luces de la mañana proyectaron la sombra de árbol seco del abuelo creciendo sobre el techo, volviéndose gigante, formando un símbolo de interrogación en la página naranja del horizonte.

Hinchó sus pulmones de gaita y empezó a gritarle a Dios, su garganta de cañón mantuvo bajo fuego las murallas de oídos del Creador.

Cansado de tanto alegar, cruzó sus brazos y descansó su sombra en un capullo. Sus pies estaban firmes sobre el vértice del techo y el viento comenzó a hilarle una mortaja.

Al cerrar los párpados aplastó su rostro como un acordeón y respiró por última vez. El niño menor de la casa observó estupefacto, como su abuelo perdía el equilibrio...





Artemio Cardenales, contó esta historia, la historia de la muerte de su abuelo, la noche antes de morir en el circo. Se ganaba la vida haciendo piruetas en la cuerda floja.

El médico que lo atendió lo escuchó repetir en su trance de muerte:

-La única forma de conquistar el cielo es dejar de vivir mirando hacia abajo-


1 comentario:

claudio dijo...

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Te saluda atentamente Claudio Tomassini

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